Pensamientos de un reloj…

Hoy he vuelto a mirar la hora, he vuelto a mirar ese reloj de mesita de noche, con su «tic tac», y he vuelto a recordar cómo era el sonido en la que se convirtió tu habitación; aquella salita donde pasaste muchos días y muchas noches. El tiempo sigue su curso, yo sigo cumpliendo años de vida, y tu años de ausencia física por cada año que voy cumpliendo, pero también más cerca de que algún día nos volvamos a encontrar como fuente de luz.

Te contaré cómo fue aquella noche en la que apagaste tu luz, pero también cambiaste la vida de quienes te hemos querido y nunca mas nuestra vela se apagó. Porque nos dejaste lo mejor de ti, nos hiciste creer en ser buenos entre nosotros, en que si algo tenías, era un amor enorme; solo con tu fe (a las religiones, por ejemplo) demostraba cuánto podías llegar a querernos. Por eso digo, que nunca apagaste la vela que nos enseñaste y dejaste encendida.

Era una noche de frío, de viento y lluvia, una noche no cualquiera. Yo estaba sentado en mi lado del sofá, haciendo lo mismo que estoy haciendo en estos momentos, pero con un significado distinto de cada palabra que escribo; quizás no eran palabras tristes como las de ahora. -¡A lo que iba! Nunca pude imaginar, porque ni siquiera tuve la intuición de que una llamada desoladora rompiera mi tranquilidad, mi silencio y, mientras me preparaba para salir, me iba armando de un valor que todavía recuerdo. Esa llamada no dejaba dudas de que nada podía hacer, ya estaba todo hecho; te habías ido y no dijiste adiós. Bueno, a lo mejor horas antes, sin que nadie te pudiera entender, en silencio, en tu silencio, le hicieras a alguien pensar. De ahí que alguien estuviera intranquila tras esa última llamada horas antes, y de la que nunca más se repitió. Quizás lo decidiste así, o quizás no. Nunca lo vamos a saber, está claro. Pero queremos creer una realidad sobre esos últimos momentos de que lo elegiste así. Un día después de un día como hoy, tan significativo por una luz que cumplía tres años en esos momentos. Todavía me sigo preguntando tantas cosas, que busco en lugares las explicaciones para convencerme de que fue la mejor decisión que elegiste.

Fueron momentos de desesperación y de dudas, aunque conforme pasaban los minutos y las horas, cada vez estábamos mas convencidos de que habíamos llegados todos tarde a tu último adiós. No importó el temporal en mitad de un mar y océano que se abrazan, no había opción a nada de lo que preocuparse, porque tan solo queríamos estar cerca de ti, estuvieras como estuvieras o donde estuvieras. Y en aquel lugar pudimos contemplarte entre pensamientos, llantos, abrazos, y un vacío que a punto de cumplirse dos años, este reloj sigue haciendo tic tac con la misma pila que lo dejaste.

La noche y el día, seguían viéndose de reojo; pasaba el tiempo. Ya era todo distinto y nunca más fue como antes esa mirada a aquel lugar que se convirtió durante mi infancia, adolescencia y adultez, en un lugar de contemplaciones. Aunque regresé al poco tiempo, lo hice para cerrar la puerta para siempre. Recorrí todo ese espacio en el que habitabas, respiraba todo el peculiar olor que con los ojos cerrados sabría perfectamente donde me encontraba, escuché también los característicos sonidos de puertas, ventanas, interruptores, baños,… Quise observar todo para que ni siquiera una enfermedad cerebral, me hiciera olvidar nada de lo que eran parte de mis mejores recuerdos, y los que empecé a convertir en parte de mi introducción al sueño. -Pero esto corresponde a otro momento de escritura, no es lo quiero escribir en estos momentos-. No cerré la puerta solo, ya que como pudiste ver, iba acompañado, y en aquel sofá donde dejaste de estar, pero estando a la vez, le conté todas las cosas que nos gustaba que nos hiciera, de las cosas que hablábamos y de cómo eras. Entonces estuve preparado pasa salir, cerrar y seguir pensándote como si en estos momentos me encontrara en aquella habitación sintiendo tus dedos y dejando unas huellas indelebles en mi vida.

Ahora, mientras escucho piano en el otro lado de mi refugio, intento ser consciente de lo vivido. Digamos que es un aprendizaje para el que nunca me habían preparado, y que como condición humana, hemos aprendido de forme irracional; el tema de las emociones es racional. Cada uno de nosotros seguimos nuestras vidas, con nuestras batallas, cada cual la suya. Dejaste huérfano a la última luz, pero me imagino que lo habrás conocido. Lo sé. Para nosotros el tiempo pasa muy deprisa, porque parece que fue ayer, cuando hacemos esa mirada al pasado, cuando un día como hoy de hace dos años, te habíamos hecho esa llamada para contarte lo que estábamos haciendo. Y ha llovido mucho en nuestros días y noches de vida. Pero sigue habiendo luz, mucha luz… Y siguen sucediendo cosas, que se convierten en historias, en experiencias y en condicionamientos para cuestionarnos todo esto de vivir, de las miles de cosas que queremos hacer, de equivocarnos y no perdonarnos a la primera. Todo esto sigue al compás del tiempo.

Fue el hoy de ayer, pero también el de mañana el que nos siga guiando un camino de luz cada vez que miro al cielo buscando el brillo de cada estrella que nos dejaste. Todavía te sigo esperando, como siempre me gustaba decirte, con esa curiosidad mística de la que siempre me ha llamado la atención. Pero todavía no lo has hecho, o quizás sí. No lo sé. Pero seguiremos creando energías cada vez con más amor, porque si algo tengo claro, es que sin amor, no existe luz. ¡Seas quien seas, estés donde estés, no nos dejes caer!

«Donde fe hallara»