Ni tribus peligrosas ni NADA

Llevo días mirando vídeos por internet sobre temas de antropología, sociología y propio de mis curiosidades. Lo que he visto hasta ahora es todo sensacionalismo puro y duro. A día de hoy, pocos antropólogos de nuestro siglo o finales del siglo pasado, puede volver a sorprendernos como lo hacían otros antropólogos de otras épocas, o visionarios. Así que de tribus peligrosas o indígenas, NADA.

Viendo un vídeo de Youtube, sobre Los Mursi, y cuyo título es «la tribu más temida», lo primero que destaco como «antropólogo de gabinete», es que no nos cuenta en sus veinte minutos de vídeos nada nuevo ni relevante. Dice un miembro de la tribu, que lejos de tener esa apariencia peligrosa, tiene un encanto exótico que la mayoría de nosotros no vemos por nuestras calles ni vidas, y dice éste miembro: «somos fuertes porque bebemos sangre de vaca». -Sinceramente, en China, por ejemplo, es una civilización, comúnmente llamada, y se comen a los animales vivos, cuando lo normal es matarlo y luego comerlo. Pero bueno, a lo que iba, que las pocas culturas que he conocido en su propio hábitat, he tenido la discusión de decirle que dejen de llamarse indígenas, que no lo son. Y entonces, ¿qué es un indígena? Pues según la enciclopedia virtual internacional más consultada del mundo dice entre mucho otro, dos párrafos a la definición de indígena:

-Pertenecer a tradiciones organizativas distintas al estado moderno.

-Pertenecer a culturas que sobrevivieron la expansión planetaria de la civilización occidental.

Sigo con la descripción desde mi punto de vista como antropólogo social y cultural. Los propios falsantes «indígenas» dicen todo el tiempo lo que tienen que grabar y lo que no deben, al igual que cobran en dinero por hacer la grabación. Si un indígena vive de su entorno, ¿para qué quiere el dinero que no se puede comer? Pues sencillamente lo quieren porque ellos conocer el mundo, saben que existe la globalización, y que ya dejaron de hacer cuencos de madera cuando pueden transportar el agua en botellas de plástico de la industrialización. Se mueven en vehículos y saben conducir. Es decir, lo único que los diferencia de una sociedad moderna como la nuestra, es el entorno cultural. Si bien es cierto, siguen manejando sus recursos naturales para su supervivencia, construcción de casas, lugares de culto, etc. Pero utilizan lo que les interesa del mundo moderno, como es el dinero y las armas de fuego, ambos instrumentos como defensa y protección. Saben que si un Gobierno ocupa sus tierras o le recorta territorio, entrar en guerra es un fracaso en su intento. Por lo tanto, crean políticas a través de organismos internacionales públicos y privados para negociar con los políticos sobre su modelo de vida. Por ejemplo, en mi visita a Pensilvania, los Amit, llevaban una vida que para lo que les interesaba querían vivir sin medios de la modernidad, un estilo de vida arcaico (desde nuestra mirada), pero usaban móviles, manejaban el dinero, la rueda de sus carruajes era de un acero industrial.

También con los Kuna-Yala me ocurrió lo mismo en la Isla de San Blas, que no remaban ni usaban ropa exótica, sino que usaban motores, móviles y la ropa era un decorado para que los turistas se hicieran fotos a cambio de dinero. ¡No eran indígenas ni leche en polvo, eran polvo! Nada más salir del país de Panamá, pero perteneciente al mismo territorio, había un control de pasaporte antes de entrar al territorio de los Kuna-Yala en mitad del campo. Los soldados con uniformes verdes de aquella manera, miraban los pasaportes, como si supieran el español, ¿entonces es que reciben formación institucional o tienen los conocimientos a través de los chamanes? Miraban el vehículo como con cara de desconfianza hacia los turistas, pero poco más. Una vez en abandonada la parte más vegetal, llegábamos a un aparcamiento cerca del mar, donde había casi cien pateras de maderas con su motoras, y todo un campamento de ladrillos como vemos en cualquier casa de un pueblo en España, pero eso sí, si ibas a pagar entrabas en una gran carpa de tela con adornos típico de la zona. El que te atendía, hablaba muchos idiomas y manejaba el dinero mejor que un/a cajero/a de supermercado (no había forma de pagar con tarjeta, a menos que lo pagaras antes de hacer la excursión a la empresa de transporte. Me imagino que de cualquier forma, al pagar en metálico y de aquella manera, no tenían que darle parte de sus cuentas gananciales a los panameños). Eran auténticos guías turísticos que sabían cómo sacar dinero por todo.

También en la pobreza de la India, que dicen ser que son culturas con ese encanto, conocen la necesidad del dinero y cuando ven a un turista andando, armado de su cámara de fotos o móvil, mochila y rasgos muy distintos a los suyos, saben que eres un dólar andante y el que no te pone la mano para pedir, intenta darte las vueltas para sacarte algo, quedando a libre albedrío la posibilidad de engañarnos y cuando te das cuenta, como «hay más indios que jefes», como dicen el dicho, pues ya es tarde y casi seguro que habremos aprendido algo.

De indígenas nada de NADA, y como después de ver tantos vídeos que rulan por internet y nos hacen creer en el mundo indígena y salvajismo, solo tenemos que mirar a nuestra civilización moderna para darnos cuenta de los salvajismos en los que nos hemos convertido con industrias pesada y en cómo pensamos: «los seres humanos son antropológicamente ambiciosos» (Tania Nieto, 2020). Ni siquiera los habitantes de las condiciones meteorológicas mas hostiles se libran, como son la gente del desierto del Sahara, que utilizan móviles, captan turistas para dormir en las dunas y contemplar las estrellas.

Y para terminar esta breve reflexión sobre la extinción de los indígenas, solo decir, que más allá de utilizar cuchillos metálicos como los nuestros, y muchas cosas más, también se enamoran bajo las estrellas, o pensando en ellas cuando sus ojos ven algo bello. Porque como decía Kottak, la Cultura en mayúscula es lo que une, y la cultura en minúscula es lo que nos separa.

En el planeta tierra, lo que no se ha conocido, no se conocerá porque ya dejó de existir debido a la Era de la Globalización. En palabras del profesor de la Universidad de Sevilla, el antropólogo Pablo Palenzuela dijo: «Donde haya una lata de cola-cola, hay globalización». Todos los llamados indígenas como atractivo actual, han visto un aparato volar y saben que es un avión; y muchos niños sueñan con subirse en él.