9 de Julio, ¡un nuevo suspiro!

La vida nos da oportunidades, y no tengo la menor duda. Cada día me acuesto pensando en el viaje de los sueños, en qué me deparará mi subconsciente durante largas horas que paso en modo desconectado de mi mente activa. A veces recuerdo el sueño, es esa idea que tenemos de las distintas realidades y que después buscas en el laberinto de los pensamientos el porqué. Otras veces no recuerdo lo que he soñado, y solo pienso que mi último consuelo sea que he tenido un sueño lúcido; aunque sé que no.

Hoy hace justo dos meses que cumplía 41 años. ¡Qué gusto llevar sobre la Tierra tanto tiempo! He vivido muchas situaciones, y si me fuera mañana, me iría con el conocimiento de como es el mundo, los seres que habitan sobre su expansión y como hemos creado todo esto que hoy vemos. -Debo de sentirme afortunado de la vida que he tenido hasta ahora-.

También hoy hace unos ocho meses que empecé a correr sin pensar hasta donde llegaría. Y es que me han pasado muchas cosas en todo este tiempo, como es la aparición de unos bultitos llamados linfomas sobre en envoltorio que nos hace existir como tal, y cuya representación es el cuerpo. Somos muchos los miembros que hemos padecido el estado de salud de ti, papá. Como te decía esta mañana, he visto a mis hermanas llorar a mi lado, contarme que tomaban medicación para poder conciliar el sueño, para poder desconectar del modo de pensamiento futuro. Buscando la fuerza, y que a veces no aparecía, nos encontrábamos de nuevo con otro obstáculo en el camino. Pero todos corrimos contigo, todos estuvimos pendiente de ti. No deja de ser una experiencia, no deja de ser una vivencia que emociona, que hace replantearse en más de una ocasión la vida que tenemos en este momento, en presente, porque el futuro no es cosa de planificar. Todo puede cambiar de la noche a la mañana, y sin esperarlo, sentimos como nuestras emociones empiezan a cambiar su polo magnético y a buscar sin encontrar la desesperada respuesta que nos abra una puerta.

La vida nos ha enseñado mucho en todo este tiempo, al menos a mí. Creo que no soy el mismo. Sigo mirándome al espejo, viendo al que está ahí fuera de mis pensamientos, al que intenta verse cuando duerme con los ojos cerrados. Y sí, han cambiado muchas cosas en algo más de cien noches de iluminación, en más de cien días de oscuridad. Muchas noches me despertaba y me iba al reloj, hablaba y me paseaba por la casa a oscuras. También salía al jardín, miraba al cielo, me ponía triste tanta oscuridad, pensaba, seguía pensando y me metía de nuevo en la cama. Por un momento desee que yo también tuviera esa enfermedad, para que así no te sintieras tan solo. Pero pensé que era más útil si podía ayudarte en todo. Realmente me siento que tampoco he hecho mucho. No sé, pero es una sensación muy extraña. He aprendido algo, y que Gabriel García Márquez ha sabido simplificar muy bien. «La vida no es lo uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla». Yo he aprendido algo, y creo que ahora sí puedo contarla.

No pienso bajar la guardia, no pienso pasar la página por ahora. Porque aunque crea que ya me lo sé, no es así. Esa página debe de seguir abierta, además, de recortarla y extraerla del libro para pegarla en un lugar visible todos los días. La vida hay que empezar a vivirla con el momento previo de la reflexión.

Hoy es un día especial, hoy es un día para estar contento, pero no lo estoy como debería. ¡Da igual! Demasiada frialdad. Siento que se nos ha ido la esencia del cariño, del abrazo, de la pura reflexión, de hablar y mirarnos a los ojos. No me acostumbro a muchas cosas que hoy día se vive, y dudo que a estas alturas de la vida lo vaya a ser. Hoy seguiré yéndome a los sueños pensando en ti, y contigo abuela. Todavía no hemos llegado a entender esta parte de la vida. Es una lástima porque la vida sigue su curso, y todo esto se queda.

Mi agradecimiento a todos mis seres queridos que hemos corrido juntos. No dejéis de hacerlo, no solarse de las manos y cruzad la puerta que nos lleva a la iluminación juntos.