Miles de millones hasta ti

Mi querida Renacuaja, ayer fue un día socialmente señalado en nuestro calendario. Y como vivimos en un trocito del mundo donde nos condicionan a eso, pues tú buscabas entre tus pensamientos a aquella persona que tantas huellas hermosas dejó en ti, en un ser interior que se conecta a través de los recuerdos, de los pensamientos, y porque no decirlo así, de la desesperación.

Normalmente en nuestros tiempos, las personas destacan sus recuerdos, sus estados de ánimos, sus logros, o simplemente se comunican a través de estados en las aplicaciones móviles. Pero es simplemente un recuerdo material, como tantos otros que solemos recordar de algún lugar concreto, de una experiencia, etc. Y como bien sabes, esto no condiciona a que seamos o sintamos más o menos que nadie. Recuerda la Catedral de Milán (la que cuelga en la pared hoy día después de casi tres años).

Siempre digo que el ser humano es simple, y que nos hemos convertido en seres complejos a través de nuestra forma de vivir. Por eso hay que ir de complejo a lo simple. ¿Cómo? A través de todo aquello que no es materia. Ayer mientras hablaba contigo te envié una fotografía de lo que vemos gracias a la luz. En ese momento tú tuviste un pensamiento, o quizás sentimientos, sola tú sabes eso. La cuestión es que yo miraba ese atardecer que tantas veces he mirado. Sí, lo he visto cientos de miles de veces. Pensaba en tu posición mientras me hablabas de algo. Yo buscaba viajar a través de ese espacio infinito de miles de millones de energía, pero tú al llegar esa foto y verla, pensaste en quien fue y será siempre tu ser querido, quien cada noche abraza a su hija, quien la acompaña, quien sabe todo, y quien un día recibió un dibujo, un detalle o lo que sea por el día marcado como el día del Padre.

Pero seguimos en nuestro viaje, y aunque en realidad para nosotros duró unos segundos, para otro Campo Magnético sucedió algo, algo que nosotros solemos llamar magia. Pero hay algo más allá de nuestra dimensión y de ver las cosas como hemos llegado a observar. En ti hubo luz, hubo energía y hubo algo más.

Desde mis pensamientos, y bajo el mismo Sol que ilumina nuestros días, te seguiré esperando por las noches para seguir mirando las estrellas y sigamos el recorrido que una noche de las tierras portuguesas, nos unió buscando el camino.

Seguro que él se siente orgulloso de ti, porque fuiste y eres una buena hija. ¡Feliz día del Padre, Diego!