¿Con la profesión se nace o se hace?

Siempre he pensado que nadie nace con una profesión, sino que se hace con el paso del tiempo. Incluso a veces elegimos una profesión y con el paso del tiempo uno deja de tener las mismas motivaciones que cuando empezó. Quizás sea yo el que nunca se hace, o quizás sea yo el que nunca se ha hecho. Y como no lo sé, dejaré que sean las demás personas las que me juzguen, critiquen, me cuestionen, etc. ¡Qué digo yo que para eso están! Jajajajaja.

Llevar una profesión por bandera o que sean los pilares de la única vida que tenemos, también puede ser un estilo de vida; obviamente no es mi caso. Pero, ¿qué ocurre cuando la profesión te corre por las venas?, (por llamarlo así). Pues como siempre he pensado sobre mí, y quizás desde hace dos años que estuve en el punto de mira de los investigadores que en el ejercicio de sus funciones como funcionarios… estuvieron mirando mi vida y mis miserables gastos o, ¿quizás movimientos personales? No lo sé exactamente que podrían buscar de mí, pero seguramente se entretendrían un buen rato laaaaaaargo con mis miles de millones de minutos pegado al teléfono. ¡Vamos, que no me escucho ni yo mismo si tuviera que recordar mis conversaciones! Jajajajaja. Como decía de lo que decía sobre mí, siempre he pensado que en cuanto a esa profesión, tengo que decir que he conocido y conozco a muchos profesionales de esos estrictamente profesionales. Por ejemplo mi hermana. Sí, tal y como digo, ¡mi hermana! Es tan su carácter personal-profesional (tienen que ir unidas esas dos palabras), que si mañana supiera de que al día siguiente, los otros profesionales, fueran a reventar la puerta de mi batcueva para entrar y proceder a practicarme una detención, no me contaría nada, sino que como profesional guardaría riguroso secreto profesional y mantendría el silencio. -Hay que recordar que he estado relacionado con alguien que ha pertenecido a la mayor organización criminal de la introducción en Europa y Asia de eso… Y que aunque para mí ha sido una experiencia ir a visitarlo a donde encierran a los malos, después de casi un año, hoy sigo teniendo relación con el actual ex-convicto. De ahí que mi persona sea una mancha en el expediente familiar, y por supuesto, «pofesionalmente» una lacra, una escoria y en el ámbito personal, un desecho humano-.

Entonces es cuando me pongo a cuestionar si se nace o se hace una persona profesional. Es decir, la entrega al honor y a las divisas es el máximo compromiso de un soldado en combate: «morir hasta derramar la última gota de su sangre en el combate», no estando la rendición en ningún momento en la mente del soldado. ¡Eso es ser un profesional! Pero hay tantas cosas que la vida me hace descubrir, que me encanta sentirme «h-inutil» en mis funciones. ¡No sé! Jajajaja. Le he cogido gustillo a eso de «no sé», «no recuerdo», «a ver cómo me sale», «eso es mucho para mí», «me pides mucho», «no estoy acostumbrado»… Y así es como he encontrado mi zona de confort. No tengo que irritarme por pensar, ni por cuestionarme como haría una cosa u otra, ni discutir; o como ese dicho que se suele decir en el ámbito de los hombres que, para llevarse bien con sus mujeres deben de dar siempre la razón. Jajajajaja. Pues yo he aprendido que ese es el mejor camino. Dicho en otras palabras: «mínimo rendimiento equivale a mínimas irritaciones». Jajajajaja. Hay personas que le gustan que durante el sexo le peguen para encontrar el placer. Jajajaja. ¡Vaya gustos, eh! Jajajajaja. Pues yo para encontrar mi propio placer me dejo llevar en el ejercicio de mis funciones, obviamente no profesional. Jajajajaja. Digamos que, si hay alguien de mi entorno laboral que me pueda describir, lo normal es que lo haga de forma normal, y haga referencia a este «h-inutil» como la vergüenza del Excelentísimo Ayuntamiento de xxxxxxx. Jajajajaja. ¡Me parto!

Llevo tres tardes disfrutando de mí mismo, junto a otros profesionales que dicen definirse como yo: ¡unos flojos! Quienes hacemos un Juan si podemos mirar para otro lado. Jajajajajaja. Hacía tiempo que no deseaba entrar a trabajar para sentirme tan realizado como estos días. He empezado a hacer unos vídeos de cada cosa que me sucede en el ejercicio de mis «defunciones». Jajajajaja. La cuestión es aprovechar lo que me pueda molestar de la profesional y reírme. Jajajajajaja. ¡Qué nadie te quite la sonrisa! O como decía el Joker: «mi padre me decía que tenía que sonreír más». ¡Pobre Joker! Lo mismo me convierto y todo en un Joker a lo español y no paro de reírme.

¡Mierda! ¡Mierda!, y ¡Mierda! Ya estamos en el toque de queda y no puedo ir al punto de ventas a comprar pica pica para quitarme los animales famosos que hay en Gibraltar. Jajajajaja. Quizás eso sea también lo que me separe de esa profesionalidad con la que no he tenido la suerte de nacer. Pero me veo obligado a seguir con esta maldita vida, triste y apagada, y donde ni siquiera las ratas habitan en mi fracasada vida. La tristeza inunda mi vida, o mejor dicho, mi muerte, porque quizás nunca estuve vivo para tener tal lamentable vida. Quizás mis únicas armas sean mis puños. ¡No, no me he vuelto profesional! Mis puños para que los dedos escriban lo que quiera, lo que sienta y lo que me apetezca. Pero aun así, mi vida está abocada al error, no hay pruebas, solamente errores.

El otro día bromeaba diciendo que había visto en un Bazar de esos que regentan los chinos, a una persona que estaba delante mía a la hora de pagar, y que había comprado una cuerda, folios, lápices y unos sobres. Jajajajaja. En realidad no era cierto, lo decía porque me gusta mucho bromear con las cosas, pero siempre lo hago conmigo mismo, como con esta breve reflexión sobre la profesión.

Bueno, ya es hora de despedirme. Agradecer a esos «pofesionales» de que mi vida sea un poco más lamentable y más desgraciada. Quizás nunca existí y la puta vida es quien está orientando mi destino.

P.D.: El del Bazar Chino, era yo. ¡Adiós!