Estimado Iván:

Siempre te recordaré por muchos momentos, por aquella primera vez en el Monte De la Torre; donde no dudes que siempre que pase por aquel lugar, habrá una mirada para ese rincón y recordar a esa gran persona que aunque no esté físicamente, ¡lo está!

Mi paso por la ciudad de Algeciras me ha servido para muchas cosas positivas, como conocerte mejor, como nunca antes lo había hecho. Ahora estaremos más en contacto después de casi cinco años, repartidas en muchos días y muchas horas juntos. Hemos vivido muchas experiencias y momentos de risas, y eso es lo que nos llevamos. Aquí quedan mis últimos momentos en moto, grabándome y tú detrás (pero porque querías, eh) jajajajaja.

Ya no habrá más cafés de primera hora, de relevo ni de momento café para saciar el frío o el calor. Mi ida también tiene cosas favorables, como haber zanjado una amistad y que durará más que el compañerismo.

Contigo también he aprendido muchas cosas, aunque tu forma de ser tan reservada me haya hecho corroborar lo valiente, responsable y servicial que eres ante tu circunstancia familiar. He vivido muy cerca de ti dos momentos muy importantes en tu vida, y aunque no lo hayamos hablado, he podido ponerme en tu lado (no en el mío), sino lo que en antropología se puede definir como -emic. ¡Eres un ejemplo como familia!

Siempre habrá momentos para recordarte, para pensar en qué estarás haciendo y cómo te irán las cosas. Sigue siendo así y no cambies, porque quienes te conocen un poco, como creo que es mi caso, te puedo decir que eres todo un estudio antropológico desde la organización social del parentesco. También hay pensamientos para ese «chaval» que pasea por el centro, y a quien escuchándolo sin que tú lo supieras, me ha hecho aprender y sentir la sensibilidad de la maldita vida.

Ahora se acaba una etapa, o mejor, otra etapa de nuestras vidas como compañeros. Pero me quedo con los mejores momentos, con nuestros mejores ratos, con recordar cómo llegas por la puerta a «in-punto». Jajajajaja. Y uno de los mejores postres de manzana siempre diré que es el casero de una ciudad malagueña.

Ahora ya no seré nunca más vuestro compañero, porque quizás nunca lo fui, porque nunca lo he sido.

Fuerte abrazo de fuerza nueve. De nuevo gracias por tu comprensión, amigo.