Creencias, pasiones, fe y otras. (David Hume)

Un cobarde, cuyo miedo se despierta fácilmente, asiente con facilidad a todas noticia del peligro que le den, lo mismo que una persona de disposición triste y melancólica es muy crédula para todo lo que alimenta su pasión dominante. Cuando un objeto capaz de afectarnos se presenta y da la alarma, excita inmediatamente un grado de su pasión correspondiente, especialmente en las personas que son naturalmente propensas a pasión. Esta emoción pasa por una fácil transición a la imaginación, y difundiéndose sobre la idea del objeto que afecta nos hace formarnos su idea con mayor fuerza y vivacidad y nos hace a sentir a ella según el sistema que precede.

Por lo tanto, la creencia es casi absolutamente necesaria para excitar nuestras pasiones, las pasiones, a su vez, son muy favorables a la creencia, y no solo los hechos que producen emociones agradables, sino también y muy frecuentemente los que nos causan dolor, llegan a ser por esta razón más prestamente objetos de opinión y fe.