La alegría sin objeto (Jean Klein)

Para alcanzar este resultado, debemos conocernos a nosotros mismos, conocer nuestro cuerpo, nuestro psiquis, el proceso habitual de nuestro pensamiento. Hay que proceder a una investigación en vivo, es decir, sin ideas preconcebidas.

Una actitud de observación desinteresada, objetiva como dicen los científicos, es la única que nos permitirá conocernos tales como somos verdaderamente, que nos permitirá captar espontáneamente las actividades de nuestro cuerpo, de nuestra mente, de los procesos de nuestro pensamiento, nuestras motivaciones.

El Ego nos esclaviza: Vivimos generalmente en lo que podemos llamar la personalidad, el ego. Estamos en un estado de elección constante, queremos lo agradable, evitamos lo desagradable, buscamos la simpatía, huimos de la antipatía. Se pudiera decir que toda la estructura que corresponde a nuestra personalidad está combinada en función de nuestro ego.

El yo existe cuando está pensado, por lo tanto sólo es memoria. El yo se instala en una situación determinada: no tengo dinero, estoy sólo, estoy enfermo… Esta repetición suscita pensamientos que se gravan en nuestro cerebro, que son cíclicos. El miedo invade el yo de su fuente.

Cuando un hombre o mujer está totalmente disponible, vacío de todos los residuos del pasado y cuando entra en el juego de la forma, del color, de la sucesión de los sonidos y de los volúmenes, está impregnado por el presente. La verdadera creación es la que libera la unidad subyacente en la sensaciones, y en cierto momento, el hombre se encontrará en esta soledad, en esta no-dualidad.

La concentración mental en un pensamiento determinado, con exclusión de cualquier otro pensamiento, se designa en general con el nombre de meditación. La meta por alcanzar es la desaparición, también, de este pensamiento único para que permanezca sólo la conciencia sin pensamiento.

Las experiencias, como experiencias humanas, se sitúan en varios niveles y una charla de carácter espiritual debe tenerlo en cuenta. Parece que hay contradicciones, contradicciones sólo aparentes, que al final resultarán reconciliadas para, de alguna manera, celebrar su origen común. Si captamos en qué nivel nos colocamos en este instante, ya no las hay.

El ego es una mera fabricación de nuestro intelecto. Nos podemos situar en nuestro psiquis o en nuestro cuerpo, pero todo lo que es anterior al pensamiento es nuestra verdadera naturaleza.

Lo que somos es toda presencia, lo que existe verdaderamente ahora. Me parece indispensable profundizar aún más lo que es primordial para nosotros: sabemos que un hombre y mujer puede hacerse múltiples preguntas en la vida y que todas giran alrededor de ésta ¿quién soy? Todo fluye de esto. Para que esto llegue a ser la contestación última y no la apropiación de una idea entre otras, tenemos que esclarecer más algunos puntos.

«Cuando ha desparecido la proyección del yo, del ego, entonces surge en mí la ola ininterrumpida del YO verdadero. Me concede la gracia de la felicidad que penetra y abraza todo mi saber. Único y trascendental, se muere en el gran silencio -¿cómo expresar con palabras esta felicidad?»

Thayunmanavar

Cuando hemos comprendido la inutilidad de buscar la alegría en lo que conocemos, el ego se desvanece porque ya la intención no está en él, ya no es verdaderamente un ego.

«Cuando tratamos estos problemas durante mucho tiempo, cuando vivimos con ellos durante mucho tiempo, es cuando la verdad surge de repente en el alma, como la luz de la chispa y luego crece por sí misma».

Platón, cartas.